Enrique Angelelli, obispo
1923 - 53 años - 1976
Dentro de 155 días se cumplen 50 años de su martirio
el día 4 de agosto de 2026
Enrique Ángel Angelelli Carletti nació en Córdoba el 17 de julio de 1923. Fue bautizado el 30 de agosto de ese mismo año.
En 1938 ingresó en el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, en Córdoba, completando sus estudios teológicos y de derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, ciudad donde fue ordenado presbítero, el 9 de octubre de 1949.
A su regreso a la Argentina, desempeñó su ministerio en barrios humildes de Córdoba y como asesor de la Juventud Obrera Católica (JOC), además de algunos encargos en la curia diocesana.
El 12 de marzo de 1961 recibió la consagración episcopal como Obispo titular de Listra y Auxiliar del Arzobispo de Córdoba, Mons. Ramón Castellano. El lema de su escudo episcopal era “Justicia y Paz”.
Participó activamente en tres de los cuatro períodos deliberativos del Concilio Vaticano II (1962, 1964 y 1965).
El 24 de agosto de 1968 inició su ministerio pastoral como tercer Obispo de La Rioja. Desarrolló su acción pastoral buscando concretar la opción preferencial por los pobres y animando la evangelización según las enseñanzas del Concilio Vaticano II. Pastor de tierra adentro, fue resistido por sectores reticentes a la renovación eclesial y por quienes veían peligrar su poder económico a raíz de las consecuencias de la actuación pastoral de Mons. Angelelli. Acalladas sus misas radiales en dos ocasiones, en marzo de 1976, después del golpe militar, la persecución hacia Mons. Angelelli y sus colaboradores se hizo más violenta y explícita, con el arresto de varios sacerdotes y laicos, además de obstáculos permanentes al desarrollo de la misión de la Iglesia.
El 4 de agosto de 1976, regresando de Chamical a La Rioja de la celebración de la novena del funeral de los Siervos de Dios Gabriel Longueville, Carlos de Dios Murias y Wenceslao Perdernera, Mons. Angelelli murió en un accidente provocado dolosamente por la embestida de un vehículo en Punta de los Llanos, paraje “el Pastor”. Establecidos los motivos, los responsables, miembros de la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983, fueron juzgados y condenados por la sentencia del Tribunal Oral Federal de La Rioja del 4 de julio de 2014.
El 8 de junio de 2018 el obispo de La Rioja, Mons. Marcelo Colombo, anunció la autorización del Papa Francisco para que fuese publicado el Decreto por el que se reconoce el martirio en odio de la fe de los cuatro Venerables Siervos de Dios.
Carlos de Dios Murias, franciscano
1945 - 31 años - 1976
Dentro de 138 días se cumplen 50 años de su martirio
el día 18 de julio de 2026
Carlos de Dios Murias nació el 10 de octubre de 1945, en Córdoba, recibiendo el bautismo el 24 de noviembre, en la Parroquia del Santísimo Sacramento de La Falda, ciudad cordobesa del Valle de Punilla, en la que vivió con su familia hasta 1949. Sus padres fueron Carlos María Murias y Ebe Ángela Grosso. Carlos de Dios fue el último de los hijos, después de tres mujeres: Hebe Elizabeth, María Cristina y Marta Elena.
Hizo el Jardín de Infantes y la Escuela primaria en un colegio de religiosas, el Colegio de la Virgen Niña de Villa Giardino, que, el año en que Carlos de Dios ingresó, se convirtió en escuela mixta. A los 9 años recibió la Primera Comunión en el Camarín de la Virgen del Rosario del Milagro, Patrona de Córdoba, que está en la Basílica de Santo Domingo (Av. Vélez Sarsfield y Deán Funes). Hebe Elizabeth usó una expresión significativa para describir la actitud del hermano y de sus compañeritos cuando recibieron el Sacramento de la Eucaristía por primera vez: «Era como que ellos esperaban un milagro en el momento de recibir la Primera Comunión».
Luego de los estudios primarios, ingresó en el Liceo Militar, donde completó sus estudios secundarios. Así lo recuerda Rodolfo Aricó, un compañero del Liceo, hoy profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), quien dijo: “Con Carlos fuimos compañeros durante cinco años en el Liceo Militar ‘General Paz’, en la ciudad de Córdoba, cuando cursamos el secundario. Ingresamos en el año 1958 y egresamos en el año 1962, con los títulos de bachiller y subteniente de reserva. Durante esos cinco años, vivimos en un régimen de internado, desde el domingo a la noche hasta la salida del viernes a la tarde. Por razones de estatura física, nunca estuvimos cerca, ya que Carlos era de los más bajos del curso y, además, tampoco compartimos el aula durante esos cinco años de estudio, pero puedo expresar que su persona irradiaba dos hermosas virtudes humanas: la paz y la bondad de su corazón” (Córdoba, 12 de julio de 2017).
A Carlos de Dios le habría gustado estudiar veterinaria, pero esta carrera no existía en Córdoba en aquellos tiempos. A comienzos de 1963 se inscribió en la Facultad de Ingeniería de la UNC, donde cursó solo dos años. Comenzó a frecuentar el movimiento universitario católico que tenía sus reuniones en la capilla de Cristo Obrero, cuyo párroco era el P. Fulgencio Rojas, a quien Carlos de Dios estimaba mucho, pues lo había conocido en el Liceo Militar, del cual el P. Rojas era capellán. Fue justamente en Cristo Obrero, junto a La Cañada, donde conoció a Mons. Angelelli, con quien entabló una fuerte amistad y donde comenzaron sus primeros planteos vocacionales.
En 1965, después de dejar la Facultad de Ingeniería, decidió irse a San Carlos Minas, donde estaba su padre, para hacer trabajos de campo. Los peones le tenían un gran aprecio. Después de distanciarse de su padre, en el mes de diciembre regresó a la ciudad y comenzó a trabajar en el Registro de la Propiedad. Carlos de Dios manifestaba ya su preocupación por el egoísmo de la burguesía y su estima por Angelelli, que entonces era Asistente espiritual de la Juventud Obrera Católica (JOC) y de la Asociación de Profesionales de la Acción Católica (APAC).
Marta Elena y Hebe Elizabeth describían a su hermano como un muchacho idealista, generoso, simple y apasionado. Le gustaba la música, había estudiado un poco de piano, tocaba muy bien la guitarra y cantaba. Otros testigos añaden que era solidario, que tenía un fuerte temperamento y se rebelaba contra la injusticia, que era amigo de la verdad, valiente y, al mismo tiempo, prudente. Algunos destacaron que era independiente, callado y que no buscaba sobresalir.
Por aquellos días, en la Mariápolis de Río Tercero, en un encuentro organizado por el Movimiento de los Focolares, conoció a los primeros frailes franciscanos conventuales: P. Juan Carlos Gianello y P. Livio Leonardi. Con este último mantuvo una relación epistolar de un año. El P. Livio fue una figura importante como guía para su discernimiento vocacional.
El 5 de abril de 1966 inició el postulantado en la Orden de los Frailes Menores Conventuales (más conocidos como “Franciscanos Conventuales”). En el mes de diciembre sucesivo, fue admitido en el noviciado y el 6 de enero de 1968 hizo su profesión simple. El 31 de diciembre de 1971 hizo su profesión solemne. Terminada la formación filosófica y teológica, el 17 de diciembre de 1972 fue ordenado sacerdote, es decir, recibió el presbiterado de manos de Mons. Angelelli. Vivió los siguientes dos años en calidad de vicario cooperador, primero en la Parroquia “Cristo del Perdón”, en La Reja, y luego en José León Suárez, ambas localidades de la Provincia de Buenos Aires, donde tuvo ocasión de desarrollar una intensa acción pastoral, especialmente con los jóvenes y con los más necesitados.
De marzo a julio de 1975, Fr. Carlos de Dios visitó Chamical, diócesis de La Rioja, en vistas a establecer allí una comunidad de la Orden de los Frailes Menores Conventuales. El 6 de mayo, Fr. Jorge Morosinotto, Custodio Provincial, le escribió una carta, en la que se alegraba por la actividad apostólica que este estaba desempeñando en Chamical y le prometió: “sinceramente insistiré con el P. Benjamín y con otro sacerdote que tú conoces, para que en el ’76 formen una fraternidad en La Rioja, si Dios quiere”. El 12 de junio sucesivo, siempre desde Chamical, Fr. Carlos de Dios escribió una carta a Fr. Jorge Mohamed, diciéndole: «La gente es macanuda y está muy contenta conmigo, están ya rezando para que me quede y abramos una fraternidad, ojalá se pudiera concretar. Sería abrir una ventana a la vida para la Orden”.
Entusiasmado con el dinamismo pastoral diocesano, la estrecha comunión y cooperación de los sacerdotes y religiosas con el obispo, el 27 de febrero de 1976 fue destinado de manera estable al servicio de la Diócesis de La Rioja y el 6 de mayo, Mons. Angelelli lo nombró vicario cooperador de la parroquia “El Salvador” de Chamical.
Muy cercano a la gente, en sus homilías denunciaba con fuerza las injusticias perpetradas por quienes detentaban el poder político en aquella época. En una de sus últimas homilías había dicho: “Podrán acallar la voz de Carlos Murias o la de nuestro obispo Enrique Angelelli o la de cualquier otra persona en cuanto tal, pero jamás la de Cristo, que clama justicia y amor desde la sangre del justo Abel hasta la que en sudores de sol a sol es derramada por nuestros hacheros…” (Homilía del Domingo IV de Pascua. Chamical, 9 de mayo de 1976). Una expresión similar fue escuchada por última vez, durante la Misa que celebró el día en que se lo llevaron: “Podrán callar la voz de Carlos Murias, pero no podrán callar la voz del Evangelio porque es la voz de Dios”. Efectivamente, ese Domingo 18 de julio de 1976, mientras estaba cenando en la casa de las religiosas del Instituto “Hermanas de San José”, fue secuestrado junto al Siervo de Dios Gabriel Longueville por algunas personas que se presentaron como miembros de la Policía; ambos fueron asesinados en la noche de ese mismo día.
En la carta de condolencias, que el Clero de la Diócesis de La Rioja había dirigido a la Familia Murias y en la que manifestaban que Carlos era un auténtico mártir, recordaron una expresión con la cual este habría definido su vida: “Más vale morir joven, habiendo hecho algo por Jesucristo y su Evangelio, que llegar a viejo sin haber hecho nada” (La Rioja, 24 de julio de 1976).
Gabriel Longueville, presbítero
1931 - 45 años - 1976
Dentro de 138 días se cumplen 50 años de su martirio
el día 18 de julio de 2026
Gabriel José Rogelio Longueville nació el 18 de marzo de 1931, en Étables, pequeño pueblo del departamento de Ardèche, en el sur de Francia. Sus padres, José Agustín Longueville y Amelia Virginia Delhomme, tuvieron ocho hijos, cinco mujeres y tres varones. Su familia se dedicaba a la pequeña agricultura, gente sencilla y fervientes católicos.
Gabriel fue bautizado el 12 de abril de ese año en la parroquia perteneciente a la diócesis de Viviers, por el Párroco de Étables; su padrino fue el abuelo materno Joseph Delhomme, y su madrina la abuela paterna Rosalie Longueville. El 30 de mayo de 1941 recibió el sacramento de la confirmación en Deyras, de parte del obispo diocesano, Mons. Alfredo Couderc. El 26 de septiembre de 1942 entró al Seminario Menor Saint Charles de Annonay, de esa diócesis. En octubre de 1948 pasó al Seminario Mayor de Viviers. Su conducta siempre fue apreciada por sus compañeros y profesores.
En septiembre de 1952, a los veintiún años, fue incorporado al servicio militar, que fue bastante prolongado, pues tuvo dos etapas. La primera etapa (1952-1954) en el Cuerpo de los “Chasseurs Alpins”, en Sathonay (Francia), y luego en Bluiens (Austria). La segunda etapa fue en Souma (Argelia), durante el año 1956, donde estuvo hasta que le dieron la baja. Fue durante el período de la guerra colonial francesa contra los que luchaban por la independencia de Argelia. Si bien, como seminarista, integraba el equipo de la capellanía militar, la dura experiencia de lo que vio y vivió allí lo marcaría profundamente para evaluar el rol de las dictaduras militares en América Latina cuando se integró a esta realidad a fines de la década del 60. Los informes de los capellanes militares destacaron su desarrollo espiritual y su práctica sacramental.
Habiendo regresado al Seminario Mayor de Viviers, pudo terminar sus estudios eclesiásticos. Durante el año 1957, el 6 de abril le fue conferido el subdiaconado, el 30 de mayo el diaconado y el 29 de junio el presbiterado, siempre por manos de Mons. Alfredo Couderc, obispo de la Diócesis de Viviers. Durante doce años ejerció el sacerdocio en su diócesis de origen, donde fue profesor de idiomas en el Seminario Menor Saint Charles de Annonay y vicario parroquial.
Durante 1968 había madurado su decisión de responder a la llamada del Papa Pío XII, quien con su encíclica “Fidei Donum” del 21 de abril de 1957, alentaba a los sacerdotes diocesanos a comprometerse en la acción misionera en países donde habría que extender el “don de la fe”. De esta manera, como sacerdote “fidei donum”, su primer destino fue la arquidiócesis de Corrientes, a cargo del Arzobispo Francisco Vicentín, quien había firmado el correspondiente convenio con la diócesis de Viviers. Allí llegó el 1 de febrero de 1970.
Antes de viajar a Corrientes, había estado durante tres meses en Cuernavaca, México, participando de un curso de pastoral en el Centro de Formación para América Latina (CEFAL). Recibió clases de español y conferencias sobre religión, historia, política y sindicalismo de este continente. En 1971, de común acuerdo con el responsable argentino del Comité Episcopal Francia-América Latina, se trasladó a la diócesis de La Rioja, donde adhirió con convicción al proyecto pastoral de Mons. Angelelli, integrándose al decanato de Los Llanos.
Su manera de ser, sencillo, amable y servicial, hizo que se le abrieran todas las puertas de los hogares chamicalenses, especialmente de los más humildes, a quienes visitaba andando en su bicicleta. Su parroquia, además de la ciudad, tenía jurisdicción en una decena de poblaciones, algunas pequeñas, otras distantes.
El 7 de mayo de 1971 fue nombrado Vicario cooperador en la Parroquia “El Salvador” de Chamical; al año siguiente, el 23 de febrero, fue nombrado vicario sustituto allí mismo. Se esforzó por conocer y comprender a su rebaño, visitando los pueblos y parajes más lejanos, animando la organización de Cáritas y el acompañamiento de los más pobres y excluidos. Escultor y pintor, retrató en sus obras el paisaje humano y natural del pueblo encomendado. El Domingo 18 de julio de 1976, mientras estaba cenando en la casa de las religiosas del Instituto “Hermanas de San José”, fue secuestrado junto al Siervo de Dios Carlos de Dios Murias por algunas personas que se presentaron como miembros de la Policía; ambos fueron asesinados en la noche de ese mismo día. Sus cuerpos fueron encontrados en el paraje “Bajo de Lucas”, a 7 km de Chamical. El P. Gabriel tenía 45 años.
Wenceslao Pedernera, esposo y padre de familia
1936 - 43 años - 1976
Dentro de 145 días se cumplen 50 años de su martirio
el día 25 de julio de 2026
Wenceslao Pedernera nació el 28 de septiembre de 1936 en La Calera, departamento de Belgrano, provincia de San Luis. Sus padres, Benjamín Pedernera y Fernanda Mattus, constituían una familia humilde que vivía y trabajaba en el campo. Don Benjamín tenía un buen reconocimiento entre sus vecinos y fue en la zona delegado del peronismo en sus primeros años. Wenceslao fue bautizado el 24 de septiembre de 1938 en la catedral de San Luis. Tuvo tres hermanos: María Cecilia, Mariano (1939) y Antonio.
En su pueblo natal realizó los estudios primarios hasta tercer grado, sin poder finalizarlos, porque tuvo que ayudar a sus padres en las tareas agrícolas, igual que sus hermanos. Vivió su adolescencia y su juventud con las vicisitudes propias de la edad en un ambiente rural tranquilo, sin sobresaltos ni conflictos, cultivando el compañerismo y la buena vecindad en tardes de fútbol y de bicicleta junto a los pocos habitantes en esa zona de campo.
En 1957 fue incorporado al servicio militar obligatorio en el Regimiento de Infantería de San Luis. Tenía 21 años. Cuatro años más tarde, en 1961, se radicó en Mendoza. Trabajó como peón rural en las fincas de las bodegas y viñedos Gargantini, en una cuadrilla recolectora de uvas, a cargo de Emiliano Cornejo, padre de Marta Ramona, “Coca”, a la que conoció, iniciando con ella una relación de noviazgo, que no fue muy prolongada.
Él tenía 25 años y ella 21. Cuando decidieron el casamiento, Wenceslao se negó a hacerlo por la Iglesia, pero Coca le dijo que sus padres, que eran católicos, no lo aceptarían. En realidad, su resistencia obedecía más al poco tiempo de la relación y a su escasa práctica religiosa que a problemas de fe. Una resistencia que no duró más de quince días. El amor pudo más y el 22 de marzo de 1962 Wenceslao (a quien sus familiares y amigos lo llamaban “Wence”) y Coca se casaron por el civil en Rivadavia y, dos días después, por la Iglesia, en la parroquia San Isidro Labrador, de la misma ciudad. De la unión nacieron tres hijas: María Rosa en 1962, Susana Beatriz en 1968 y Estela Marta en 1971.
El acercamiento de Wenceslao a la Iglesia se produjo en 1968 con ocasión de la novena a la Virgen de la Carrodilla, patrona de los viñedos, predicada por los misioneros Oblatos de María Inmaculada. En cuestiones de fe, Coca llevaba la delantera, y su ejemplo arrastró a Wenceslao, conduciendo juntos una familia unida, humilde y trabajadora, que se desvivió por atender a las tres hijas que fueron llegando. De esta manera, Wence fue participando con mayor decisión y entusiasmo de las misiones populares, las semanas bíblicas y comenzó a recibir con asiduidad los sacramentos. La casa donde vivían, que la finca Gargantini les había asignado, tenía una pequeña cocina, dos dormitorios y una gran galería. Wence y Coca dispusieron de su casa para que allí se reuniera un grupo rural de formación, donde se analizaba la realidad a la luz del Evangelio, con el acompañamiento de Juan Carlos Di Marco y de Rafael Sifre, pertenecientes al Movimiento Rural de la Acción Católica, regional Mendoza.
En 1972, Wence y Coca participaron en dos cursos de formación, en la diócesis de La Rioja, donde conocieron el trabajo del Movimiento Rural y sus propuestas para elevar las condiciones de dignidad de los trabajadores rurales, fomentando la organización de cooperativas. Entre los objetivos que se proponía este Movimiento Rural Diocesano y que podemos leer en el decreto episcopal, fechado el 10 de julio de 1972, se encuentran:
– Ayudar a concretar realizaciones que signifiquen para el campesino riojano “ser más”, en el esfuerzo creativo por “tener más”.
– Promover cursos, cursillos, encuentros, proyectos, etc., a diversos niveles, para brindar con sentido creativo, al campesino riojano, los elementos fundamentales que le hagan madurar su fe cristiana, lo capaciten mejor cultural y técnicamente, y le ayuden a crear organizaciones que le hagan vivir más evangélicamente la solidaridad.
– Siendo de carácter diocesano, procurar desarrollar su misión dentro de la pastoral diocesana.
La entera dedicación de Wenceslao al Movimiento Rural Diocesano y otras tareas pastorales lo llevaron a participar en reuniones del Decanato del Oeste. A fines de 1973, por su firme compromiso y permanente disponibilidad, Wence fue designado para convocar a las reuniones de la Coordinadora de Cooperativas del Movimiento Rural, acordar fechas, enviar el temario a los participantes y hacer el informe de cada reunión. Sus compañeros del Movimiento lo recuerdan como un hombre pacífico; y cuando se producían discusiones o enfrentamientos internos, prefería evitar todo conflicto, contribuyendo con su conducta a la armonía de la comunidad.
Conviene recordar que Wence y Coca eran, además, catequistas en la Puntilla, a las afueras del pueblo, donde estaba la capilla y luego se habilitó la Casa de Retiros. Juntaban ropa para repartir entre los más necesitados. Participaban en las actividades religiosas de la comunidad y con otras familias se reunían en su casa para leer la Biblia. Igual, los domingos para escuchar por radio la misa que celebraba Mons. Angelelli en la catedral de La Rioja. En la Argentina de aquella época, este servicio a favor de la cooperación solidaria de los trabajadores era sospechado y estigmatizado como subversivo, y por este motivo, particularmente después de la llegada de la dictadura militar, Wenceslao padeció varias amenazas juntamente con sus familiares. En la noche del 24 al 25 de julio de 1976, mientras se encontraba descansando en su casa, fue atacado por un grupo de hombres que lo acribilló delante de su esposa e hijas; gravemente herido, murió horas más tarde en el hospital de Chilecito, no sin antes perdonar a sus asesinos y pedir a su familia que no odiara.
Algunos documentos eclesiales sobre los beatos
10 junio, 2018
RIOIENSIS
Beatificationis seu Declarationis Martyrii
Servorum Dei
Henrici Angeli Angelelli Carletti,
episcopi Rioiensis
Gabrielis Iosephi Rogeri Longueville,
sacerdotis dioecesani,
Caroli de Deo Murias,
sacerdotis professi Ordinis Fratrum Minorum Conventualium
et
Venceslai Pedernera
christifidelis laici et patrisfamilias
(† 1976)
Decreto sobre el martirio
«¿Quién podrá entonces separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, lapersecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada?
Como dice la Escritura:
Por tu causa somos entregados continuamente a la muerte; se nos considera como a ovejas destinadas al matadero.Pero en todo esto obtenemos una amplia victoria, gracias a aquel que nos amó» (Rm 8, 35-37).
La ferviente proclamación del Apóstol Pablo se nos vuelve a presentar en las vicisitudes humanas, cristianas y sacerdotales de los Siervos de Dios Enrique Ángel Angelelli Carletti y compañeros, quienes en el transcurso de sus vidas supieron dar un testimonio válido de total pertenencia al Señor y de un generoso compromiso al servicio de los hermanos, sobre todo de los más débiles e indefensos. Los Siervos de Dios, que en el transcurso de la cruel persecución en Argentina en 1976 ofrecieron a Cristo su hermoso testimonio de fe, acogieron dicha invitación y sufrieron por su amor peligros, ultrajes e injusta condena, hasta el derramamiento de la sangre.
El pequeño grupo de los mártires, pertenecientes al conjunto del pueblo de Dios, es guiado por Mons. Enrique Ángel Angelelli Carletti, obispo de La Rioja. Él nació en Alta Córdoba, barrio de la ciudad homónima, el 17 de julio de 1923. Fue bautizado el 30 de agosto sucesivo. Una vez madurada su vocación al sacerdocio, en 1938 ingresó en el Seminario de Nuestra Señora de Loreto, en Córdoba. Fue ordenado sacerdote en Roma, el 9 de octubre de 1949, y el 12 de diciembre de 1960 fue elegido Obispo titular de Listra y Auxiliar del Arzobispo de Córdoba, Mons. Ramón Castellano, recibiendo la consagración episcopal el 12 de marzo de 1961. El 13 de julio de 1968 se le confió la guía de la Diócesis de La Rioja, en una de las zonas más pobres de Argentina, donde desarrolló su acción pastoral buscando concretar la opción preferencial por los pobres, que había sido recomendada por el Magisterio del Concilio Vaticano II por los documentos del Episcopado latinoamericano, lo cual le atrajo enseguida el odio del régimen dictatorial que se extendía por todo el país. En marzo de 1976, después del golpe militar, la persecución hacia Mons. Angelelli y sus colaboradores se fue haciendo cada vez más explícita y violenta, arrestando varios sacerdotes y adoptando medidas tendientes a obstaculizar el desempeño de la misión de la Iglesia. El 4 de agosto de 1976, pocos días después dehaber celebrado el funeral de los Siervos de Dios Carlos de Dios Murias y Gabriel Longueville, Monseñor Angelelli fue involucrado en un accidente automovilístico que le causó la muerte. Una vez finalizada la dictadura tuvo lugar un juicio penal que condujo a la sentencia del 4 de julio de 2014, que reconoció la naturaleza dolosa de dicho accidente, organizado por quienes detentaban el poder político en la Argentina de aquella época.
El presbítero Gabriel Longueville, sacerdote fidei donum, de nacionalidad francesa, nació en Etables, departamento de Ardèche, diócesis de Viviers, el 18 de marzo de 1931, y fue bautizado el 12 de abril sucesivo. El 26 de septiembre de 1942 entró en el Seminario Menor de Saint Charles en Annonay y en octubre de 1948 pasó al Seminario Mayor. Durante su trayectoria seminarística fue llamado al servicio militar desde 1952 hasta 1954, siendo luego llamado una vez más bajo las armas en 1956 fue enviado a Argelia. De retorno al Seminario, completó la trayectoria que hizo posible que recibiera el presbiterado el 29 de junio de 1957. Después de una breve experiencia como profesor de idiomas enel Seminario Menor, en 1968, pidió y fue enviado como sacerdote fidei donum a Argentina, primero a la diócesis de Corrientes y luego a la diócesis de La Rioja. Es aquí donde se adhirió con convicción al proyecto pastoral de Mons. Angelelli. El 7 de mayo de 1971 fue nombrado vicario cooperador en la Parroquia “El Salvador” de Chamical; al año siguiente, el 23 de febrero de 1972 es nombrado vicario sustituto. Estuvo involucrado en la persecución desatada contra todos aquellos que colaboraban en la pastoral de Mons. Angelelli y el 18 de julio de 1976, junto al Padre Carlos Murias, fue llevado con unaexcusa y luego asesinado.
El Padre Carlos de Dios Murias, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores Conventuales, nació el 10 de octubre de 1945, en Córdoba, y recibió el bautismo al mes siguiente, el 25 de noviembre. Despuésde haber estudiado en un colegio que gestionan unas religiosas, en 1958 entró en el Liceo Militar.Terminado el Liceo, se inscribió en la Facultad de Ingeniería que no habría llegado a terminar. Efectivamente, una vez madurada su vocación a la vida consagrada, el 5 de abril de 1966 inició el Postulantado. En el mes de diciembre sucesivo, fue admitido en el noviciado y, el 6 de enero de 1968 hizo su profesión simple. El 31 de diciembre de 1971 hizo su profesión solemne. Una vez terminada la prescripta trayectoria filosófica y teológica, el 17 de diciembre de 1972 le fue conferido el presbiterado por manos de Mons. Angelelli. Vivió los siguientes dos años en calidad de vicario cooperador, donde tuvo la ocasión de desarrollar una intensa acción pastoral, especialmente con los jóvenes y con los más necesitados. De marzo a julio de 1975, Fr. Carlos de Dios fue a Chamical, diócesis de La Rioja, porque había un proyecto para formar allí una comunidad de la Orden de los Frailes Menores Conventuales en tal lugar. El 27 de febrero de 1976 fue destinado de manera estableal servicio de dicha Diócesis, y el 6 de mayo sucesivo Mons. Angelelli lo nombró vicario cooperador dela parroquia de Chamical. En sus homilías denunciaba con fuerza las injusticias perpetradas por quienes detentaban el poder político en aquella época. En la tardecita del domingo 18 de julio, mientras estaba cenando en la casa de las religiosas del Instituto “Hermanas de San José”, fue llevado junto al Siervo de Dios Gabriel Longueville por algunas personas que se presentaron como miembrosde la Policía; ambos fueron asesinados en la noche de es mismo día.
El señor Wenceslao Pedernera, laico y padre de familia, nació en La Calera, departamento de Belgrano, provincia de San Luis, el 28 de septiembre de 1936 y fue bautizado el 24 de septiembre de 1938. Ya desde joven se dedicó al trabajo en el campo y, en 1961, se trasladó a Mendoza para trabajar en la finca Gargantini. En marzo de 1962 se casó, en Rivadavia, con Marta Ramona Cornejo y de esta unión nacieron tres hijas: María Rosa, Susana Beatriz y Estela Marta. Al principio, lejos de la fe, se convirtió después de haber escuchado algunas prédicas que tuvieron lugar durante las misiones populares y comenzó a recibir con asiduidad los sacramentos. Al mismo tiempo se comprometió en el ámbito delas cooperativas rurales y, en 1968, entró a formar parte de la coordinación regional del “Movimiento Rural de la Acción Católica Argentina” en la región de Cuyo. En 1972 participó en dos cursos de formación y profundización organizados por el mismo Movimiento en la ciudad de La Rioja, y así fue como se trasladó a esa zona, contando con el apoyo concreto de Mons. Angelelli. En la Argentina deaquella época, un compromiso como este era combatido y sospechado por considerar que tuvieseuna finalidad subversiva, y por este motivo, particularmente después de la llegada de la dictadura militar, el Siervo de Dios padeció varias amenazas juntamente con sus familiares. En la noche del 24 al 25 de julio de 1976, mientras se encontraba en su casa, fue objeto de una emboscada; fue gravemente herido y así fue transportado al hospital de Chilecito, donde horas más tarde murió.
La fama de martirio de los cuatro Siervos de Dios se difundió enseguida en la comunidad cristiana, por lo cual, del 31 de mayo de 2011 al 15 de mayo de 2015 se celebró en la Diócesis de La Rioja la Investigación diocesana informativa de los Siervos de Dios Carlos de Dios Murias, Gabriel Longueville e Wenceslao Pedernera, cuya validez jurídica fue reconocida por la Congregación de las Causas de los Santos con el decreto del 6 de noviembre de 2015. En vez, la Investigación diocesana del Siervo de Dios Enrique Ángel Angelelli Carletti se celebró en la Curia eclesiástica de La Rioja, del 13 de octubrede 2015 al 15 de septiembre de 2016, cuya validez jurídica fue reconocida por la Congregación de las Causas de los Santos con el decreto del 19 de mayo de 2017. Por pedido de Mons. Marcelo Colombo, obispo de la diócesis de La Rioja, con el decreto de la Congregación de las Causas de los Santos del 27 de octubre de 2016, las dos causas fueron unidas. Una vez preparada la Positio, el 15 de mayo de2018 se celebró el Congreso Peculiar de los Consultores Teólogos, que expresaron su parecer favorable. Los Padres Cardenales y Obispos, en la Sesión Ordinaria del 5 de junio de 2018, después de haber escuchado la relación del Ponente de la causa S. Exca. Rvdma. Mons. Demetrio FernándezGonzáles, Obispo titular de Córdoba, han reconocido que los Siervos de Dios fueron asesinados porsu fidelidad a Cristo y a la Iglesia.
Una vez presentada al Santo Padre Francisco una precisa relación de todas estas fases por parte delCardenal Prefecto que aquí suscribe, el mismo Santo Padre, ratificando los votos de la Congregaciónde las Causas de los Santos, en la fecha hodierna ha declarado:
Consta el martirio y su causa de los Siervos de Dios Henrici Angeli Angelelli Carletti, episcopi Rioiensis, Gabrielis Iosephi Rogeri Longueville, sacerdotis dioecesani, Caroli de Deo Murias, sacerdotis professi ofmconv, e Venceslai Pedernera,christifidelis laici et patrisfamilias, para el caso y el efecto de que se trata.
Finalmente, ha ordenado que este Decreto sea publicado y transcripto en las Actas de laCongregación de las Causas de los Santos.
Dado en Roma, a 10 días del mes de junio del Año del Señor 2018
Card. Angelo Amato, SDB
Prefecto
+ Bartolucci
Arcivescovo tit. di Biccari
A Secretis
CARTA APOSTÓLICA
Nosotros,
acogiendo el deseo de nuestro Hermano
Mons. Dante Gustavo Braida, obispo titular de la diócesis de La Rioja,
de muchos otros Hermanos en el Episcopado
y de muchos Fieles,
después de haber obtenido el parecer
de la Congregación de las Causas de los Santos,
con Nuestra Autoridad Apostólica
concedemos
que los Venerables Siervos de Dios
Enrique Ángel Angelelli Carletti, Obispo de La Rioja,
Gabriel José Rogelio Longueville, Sacerdote diocesano,
Carlos de Dios Murias, sacerdote profeso
de la Orden de Frailes Menores Conventuales,
y Wenceslao Pedernera, Padre de Familia,
mártires y discípulos fieles de Cristo,
insignes testimonios de Su Reino de justicia y de caridad,
de ahora en adelante sean llamados Beatos
y que sea celebrada cada año, en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho,
el 17 de julio
día de su nacimiento al Cielo.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Dado en Roma, junto a San Pedro
el día 27, del mes de marzo
del año del Señor 2019, séptimo de nuestro Pontificado
Papa Francisco
7 noviembre, 2018
1. Los Obispos argentinos queremos compartir con todos la gran alegría de la próxima beatificación del Obispo Enrique Ángel Angelelli, de Fray Carlos de Dios Murias, del Presbítero Gabriel Roger Longueville y del laico Wenceslao Pedernera. Será el 27 de abril de 2019. Agradecemos de corazón al Papa Francisco, que así recoge el discernimiento de la Iglesia y nos alienta a gastar la vida en elservicio (1).
2. Angelelli, quien fue Obispo de La Rioja entre 1968 y 1976, sabía que su muerte era inminente y estaba dispuesto a dar la vida. En una de sus últimas cartas informaba al Nuncio Apostólico:
“Estamos permanentemente obstaculizados para cumplir con la misión de la Iglesia. Personalmente, los sacerdotes y las religiosas somos humillados, requisados y allanados por la policía con orden del ejército. Ya no es fácil hacer una reunión con los catequistas, con los sacerdotes o con las religiosas. Las celebraciones patronales son impedidas y obstaculizadas… Nuevamente he sido amenazado” (2).
3. Al mismo tiempo sostenía que lo vivía “con una gran paz interior y esperanza cristiana” (3). No ocultaba su temor pero se aferraba a la fortaleza que Dios le regalaba. De ese modo se sentía unido a la entrega de Cristo hasta el fin. Este convencimiento de que en el sufrimiento y en la muerte se refleja la vida nueva de Jesucristo, está bellamente expresado en la homilía del entierro de Gabriel y Carlos, donde decía:
“La Iglesia se goza y bendice a Dios, porque ha sido elegida para vivir este misterio de la Cruz y de la Pascua del Señor, y ha venido a compartir la Eucaristía con dos hermanos que ya están junto al Señor… Toda la fuerza que está ahí se hace Eucaristía, se hace martirio, se hace testimonio de vida, se hace oración, se hace plegaria” (4).
4. Como buen pastor, cuando se disponía a dar la vida, experimentaba que su pueblo sufría y de algún modo moría en él y con él. El Papa Francisco quiso valorar especialmente esos casos en que se verificó “un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte”, porque “esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles” (5).
5. El Santo Padre también nos recordó que “la santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas” (6). Angelelli no estuvo solo en su martirio. Eran cuatro los que, unidos en su entrega, nos estimulan “en contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás” (7). Nos conmueve recordar que, la noche del secuestro, cuando algunas personas que se decían policías fueron a buscar a fray Carlos, el padre Gabriel le dijo resueltamente: “¡No te dejo solo. Voy con vos!” (8). Y murió con él.
6. La muerte de Angelelli y la forma como murió son una clara coronación de una vida consecuente con sus convicciones y con la misión del pastor de dar la vida por su rebaño. Así selló con su sangre su compromiso por la paz, la justicia y la dignidad integral de la persona humana, por amor a Cristo y a los pobres, en plena coherencia con el Evangelio.
7. Su muerte (en agosto de 1976) se inscribe dentro del contexto martirial de la Iglesia de La Rioja, de la que son expresiones inobjetables la muerte de Murias, Longueville y Pedernera (en julio de 1976).También confirma la coherencia testimonial de vida, pensamiento y opción pastoral del mismo Angelelli. Él fue testigo del Reino de Dios y de su justicia en una Iglesia perseguida, obstaculizada y martirizada en sus sacerdotes, religiosos y laicos. Esa fue su identidad más genuina, la básica, la que fundamentó y orientó toda su existencia hasta la consecuencia lógica de demostrar el mayor amor:dar la vida por su pueblo y ser instrumento de la luz del Evangelio. Carlos Murias decía: “Podrán callarla voz del Obispo, podrán callar la voz del padre Carlos, pero nunca podrán callar la voz del Evangelio” (9).
8. Angelelli, como fiel intérprete del Concilio Vaticano II, era un vigía atento a recibir las señales de Dios en su Palabra y en la voz de su pueblo, mirando desde la fe la historia donde el Señor se manifiesta. Era un enamorado de la fe de los pobres y del testimonio de los más sencillos. Era un pastor que cuidaba a los últimos y les acercaba el consuelo de Dios.
9. Amó a la Iglesia. La sintió su familia, su lugar de discernimiento, su púlpito a la hora de anunciar la Buena Noticia y el grito de dolor del pueblo riojano. Nunca incitaba al rencor, a pesar del clima de violencia que se vivía. En el entierro de Gabriel y Carlos decía: “¡Qué difícil es ser cristiano, porque al cristiano se le exige perdonar!… El cristiano tiene que perdonar a todos”. Con la misma convicción, el laico Wenceslao, que fue acribillado en la puerta de su casa delante de su esposa y tres pequeñas hijas, y sufrió una agonía de varias horas, no sólo perdonó a sus asesinos, sino que pidió a su esposa e hijas que no guardaran odio (10).
10. Creemos que lo mejor es concluir esta carta con las preciosas palabras del entonces Cardenal Bergoglio:
“El recuerdo de Wenceslao, Carlos, Gabriel y el obispo Enrique no es una simple memoria encapsulada, es un desafío que hoy nos interpela a que miremos el camino de ellos, hombres que solamente miraron el Evangelio, hombres que recibieron el Evangelio y con libertad. Así nos quiere hoy la Patria, hombres y mujeres libres de prejuicios, libres de componendas, libres de ambiciones, libres de ideologías; hombres y mujeres de Evangelio, sólo el Evangelio, y, a lo más, podemos añadir un comentario, el que añadieron Carlos, Gabriel, Wenceslao y el obispo Enrique: el comentario de la propia vida” (11).
116° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina
Pilar, 07 de noviembre de 2018
Oficina de Prensa
Conferencia Episcopal Argentina
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Homilía del Cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Catedral y Santuario de San Nicolás de Bari, La Rioja. Misa de Víspera de la Beatificación. 26/4/19
VIGILIAS DE ORACIÓN
(previas a la Beatificación)
CHAMICAL
Miércoles 24 de abril – 20 hs.
Iglesia Parroquial Del Salvador
SAÑOGASTA
Jueves 25 de abril – 20 hs.
Capilla Sagrado Corazón de Jesús
CAPITAL LA RIOJA
Viernes 26 de abril – 21:30 hs.
Iglesia Catedral y Santuario de San Nicolás
MISA Y RITO DE LA BEATIFICACIÓN
CIUDAD DE LA RIOJA
Sábado 27 de abril – 10 hs.
Lugar: Parque de la Ciudad.
Será presidida por el Cardenal Becciu,
Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos.
MISAS DE ACCIÓN DE GRACIAS
SAÑOGASTA
Sábado 27 de abril – 19 hs.
Capilla Sagrado Corazón de Jesús
PUNTA DE LOS LLANOS
Domingo 28 de abril – 10 hs.
CHAMICAL
Domingo 28 de abril – 20 hs.
Iglesia Parroquial Del Salvador
Diócesis de La Rioja – ARGENTINA
Beatificación de Monseñor Enrique Angelelli, de los Sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y del laico Wenceslao Pedernera
HOMILÍA
La Rioja, sábado 27 de abril de 2019
“Este es el día que hizo el Señor: Alegrémonos y regocijémonos”.
Queridos hermanos y hermanas,
La invitación que la Liturgia nos renueva constantemente en este tiempo de Pascua, encuentra hoy en nosotros, reunidos en el solemne rito de la beatificación de cuatro mártires, una respuestaparticularmente pronta y alegre.
Nos alegramos y nos regocijamos en el Señor por el don de los nuevos Beatos.
Son hombres que han dado valientemente su testimonio de Cristo, mereciendo ser propuestos por la Iglesia a la admiración e imitación de todos los fieles. Cada uno de ellos puede repetir las palabras del libro de la Apocalipsis, proclamadas en la primera lectura: “Ya llegó la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la soberanía de su Mesías” (Ap 12,10): el poder de Cristo resucitado, que, a lo largo de los siglos, por medio de su Espíritu, continúa viviendo y actuando en los creyentes, para impulsarlos hacia la plena realización del mensaje evangélico.
Conscientes de esto, los nuevos Beatos siempre contaron con la ayuda de Dios, incluso cuando tuvieron que “sufrir por la justicia” (1Pe 3,14), de modo que siempre estaban dispuestos a defenderse delante de cualquiera que les pidiese razón de la esperanza que ellos tenían (cfr 1Pe 3,15). Se ofrecieron a Dios y al prójimo en un heroico testimonio cristiano, que tuvo su culmen en el martirio. Hoy a la Iglesia se complace en reconocer que Enrique Ángel Angelelli, Obispo de La Rioja, Carlos de Dios Murias, franciscano conventual, Gabriel Longueville, sacerdote misionero fidei donum, y el catequista Wenceslao Pedernera, padre de familia, fueron insultados y perseguidos a causa de Jesús y de la justicia evangélica (cfr Mt 5, 10-11), y han alcanzado una “gran recompensa en el cielo” (Mt 5,12).
“¡Felices ustedes!” (Mt 5,11; 1Pe 3,13). ¿Cómo podríamos no escuchar dirigida a nuestros cuatro Beatos esta sugestiva manifestación de alabanza? Ellos fueron testigos fieles del Evangelio y semantuvieron firmes en su amor a Cristo y a su Iglesia a costa de sufrimientos y del sacrificio extremo de la vida. Fueron asesinados en 1976 [mil novecientos setenta y seis], durante el período de la dictadura militar, marcado por un clima político y social incandescente, que también tenía claros rasgos de persecución religiosa. El régimen dictatorial, vigente desde hacía pocos meses en Argentina,consideraba sospechosa cualquier forma de defensa de la justicia social. Los cuatro Beatos desarrollaban una acción pastoral abierta a los nuevos desafíos pastorales; atentos a la promoción delos estratos más débiles, a la defensa de su dignidad y a la formación de las conciencias, en el marcode la Doctrina Social de la Iglesia. Todo esto, para intentar ofrecer soluciones a los múltiples problemas sociales.
Se trataba de una obra de formación en la fe, de un fuerte compromiso religioso y social, anclado en el Evangelio, en favor de los más pobres y explotados, y realizado a la luz de la novedad del Concilio Ecuménico Vaticano II, en el fuerte deseo de implementar las enseñanzas conciliares. Podríamos definirlos, en cierto sentido, como “mártires de los decretos conciliares”.
Fueron asesinados debido a su diligente actividad de promoción de la justicia cristiana. De hecho, en aquella época, el compromiso en favor de una justicia social y de la promoción de la dignidad de la persona humana se vio obstaculizado con todas las fuerzas de las autoridades civiles. Oficialmente, el poder político se profesaba respetuoso, incluso defensor, de la religión cristiana, e intentaba instrumentalizarla, pretendiendo una actitud servil por parte del clero y pasiva por parte de los fieles, invitados por la fuerza a externalizar su fe solo en manifestaciones litúrgicas y de culto. Pero los nuevos Beatos se esforzaron por trabajar en favor de una fe que también incidiese en la vida; demodo que el Evangelio se convirtiese en fermento en la sociedad de una nueva humanidad fundadaen la justicia, la solidaridad y la igualdad.
El Beato Enrique Ángel Angelelli fue un pastor valiente y celoso que, nada más llegar a La Rioja, empezó a trabajar con gran celo para socorrer a una población muy pobre y víctima de injusticias. La clave de su servicio episcopal reside en la acción social en favor de los más necesitados y explotados,así como en valorar la piedad popular como un antídoto contra la opresión. Icono del buen pastor,fue un enamorado de Cristo y del prójimo, dispuesto a dar su vida por los hermanos. Los sacerdotesCarlos de Dios Murias y Gabriel Longueville fueron capaces de individuar y responder a los desafíosconcretos de la evangelización siendo cercanos a las franjas más desfavorecidas de la población. El primero, religioso franciscano, se distinguió por su espíritu de oración y un auténtico desapego de los bienes materiales; el segundo, por ser hombre de la Eucaristía. Wenceslao Pedernera, catequista y miembro activo del movimiento católico rural, se dedicó apasionadamente a una generosa actividad social alimentada por la fe. Humilde y caritativo con todos.
Estos cuatro Beatos son modelos de vida cristiana. El ejemplo del Obispo enseña a los pastores de hoy a ejercer el ministerio con ardiente caridad, siendo fuertes en la fe ante las dificultades. Los dos sacerdotes exhortan a los presbíteros de hoy a ser asiduos en la oración y a hallar, en el encuentrocon Jesús y en el amor por Él, la fuerza para no escatimar nunca en el ministerio sacerdotal: no entraren componendas con la fe, permanecer fieles a toda costa a la misión, dispuestos a abrazar la cruz. El padre de familia enseña a los laicos a distinguirse por la transparencia de la fe, dejándose guiar por ella en las decisiones más importantes de la vida.
Vivieron y murieron por amor. El significado de los Mártires hoy reside en el hecho de que sutestimonio anula la pretensión de vivir de forma egoísta o de construir un modelo de sociedadcerrada y sin referencia a los valores morales y espirituales. Los Mártires nos exhortan, tanto a nosotros como a las generaciones futuras, a abrir el corazón a Dios y a los hermanos, a ser heraldos de paz, a trabajar por la justicia, a ser testigos de solidaridad, a pesar de las incomprensiones, las pruebas y los cansancios. Los cuatro Mártires de esta diócesis, a quienes hoy contemplamos en subeatitud, nos recuerdan que “es preferible sufrir haciendo el bien, si esta es la voluntad de Dios, quehaciendo el mal” (1 Pe 3,17), como nos ha recordado el apóstol Pedro en la segunda lectura.
Los admiramos por su valentía. Les agradecemos su fidelidad en circunstancias difíciles, una fidelidadque es más que un ejemplo: es un legado para esta diócesis y para todo el pueblo argentino y unaresponsabilidad que debe vivirse en todas las épocas. El ejemplo y la oración de estos cuatro Beatos nos ayuden a ser cada vez más hombres de fe, testigos del Evangelio, constructores de comunidad, promotores de una Iglesia comprometida en testimoniar el Evangelio en todos los ámbitos de la sociedad, levantando puentes y derribando los muros de la indiferencia. Confiamos a su intercesiónesta ciudad y toda la nación: sus esperanzas y sus alegrías, sus necesidades y dificultades. Que todos puedan alegrarse del honor ofrecido a estos testigos de la fe. Dios los sostuvo en los sufrimientos, les ofreció el consuelo y la corona de la victoria. Que el Señor sostenga, con la fuerza del Espíritu Santo, aquienes hoy trabajan en favor del auténtico progreso y de la construcción de la civilización del amor.
Beato Enrique Ángel Angelelli y tres compañeros mártires, ¡rogad por nosotros!
Cardenal Ángelo Becciu
Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos
La Rioja, sábado 27 de abril de 2019
ORACIÓN PARA PEDIR LA CANONIZACIÓN DE LOS BEATOS MÁRTIRES RIOJANOS
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en Él y por Él manifestaste bienaventurados
a los que tienen hambre y sed de justicia,
y a los perseguidos y ultrajados por causa suya,
te imploramos que la Iglesia en Argentina
recoja y siga haciendo fecunda
la siembra evangélica de los Beatos
Enrique Angelelli, Carlos de Dios Murias,
Gabriel Longueville y Wenceslao Pedernera.
Te pedimos la gracia
de ver proclamados sus nombres
entre los santos mártires de tu Iglesia.
Que sus vidas y muertes, como testigos de la fe en Jesús,
afiancen por tu Espíritu la esperanza
en el corazón de tu pueblo,
para que, peregrinando hacia el Tinkunaco final,
construya la paz en la justicia y el amor.
Amén
Título del tema: “Que vivan los cuatro mártires”
Ritmo de Chaya.
Letra y música: Grupo Pueblo de Dios
Arreglos: Nelson Ramirez
Solistas: Matías Mercado, Ignacio Cabrera, Johanna Santillán y Jimena Muñoz.
Pronto se detallarán aquí las actividades programadas
Contactos:
Obispo de La Rioja:
Mons. Dante Gustavo Braida -
obispadolarioja@gmail.com
Ministro Provincial Franciscanos Conventuales:
Fray Javier Fontana, OFM Conv. – ministroprovincialofmconv@gmail.com
Enlaces:
Orden de Frailes Menores Conventuales
Obispado de La Rioja
Conferencia Episcopal Argentina - Causas de los santos